El día que llegué a Pina

El día que llegué a Pina era muy pequeño. Era tan poca cosa que ni nombre tenía.

Viajé primero a Zaragoza desde Perdiguera y luego mi madre me trajo a Pina en su coche.

En Zaragoza oí que la gente hablaba de mí por la calle y asomaban sus cabezones a la jaula esa en la que me habían metido.

Como estaba muy cansado de tanto viaje, por la noche me dormía en todos los sitios, hasta en el hombro de mi padre, al que acababa de conocer, por cierto. Desde entonces me encanta chuparle el cuello.

Él no tuvo ninguna duda al elegir mi nombre. No podía llamarme de otra manera: siendo yo negro, monegrino, fan del "Comando" y un bandido... reunía todos los requisitos, así que el primer día ya me convertí en Cucaracha.

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