La resaca del fin de semana

Este fin de semana he cumplido seis meses. Menuda juerga... me dieron comida de la que más me gusta y además mi madre estuvo más rato conmigo que los últimos fines de semana, así que pudimos dormir siestas junt@s. Bueno, a decir verdad, el único que dormía era yo, que a ella creo que no la dejé dormir de tanto chuparle el cuello y pisarle la cara.
Además, el domingo me bañaron y me cambiaron mi arena. Milagro, porque hay semanas en las que me tienen abandonadico... Sí, sí, me bañaron. Era la segunda vez y me gustó casi tanto como la primera. No es broma, no. Por eso me dicen que soy un poco raro, pero es que oigo el agua y no puedo evitar acudir al lavabo o a la bañera. ¿Será que, como buen monegrino, la echo en falta? Desde luego, yo, como Aragón, también tengo sed.


Un día en mi vida

Cuando mi padre se va de casa todavía es de noche. Después se va mi madre y siempre intento escaparme por las escaleras para no quedarme solo en casa. Pero al final siempre me engañan con mi pelota de colores. Y es que no me puedo resistir a perseguirla cuando oigo sus cascabeles.El resto del día me lo paso echando siestas, lavándome y escalando de vez en cuando. Puede parecer que no es muy divertido, pero es que las fuerzas me las guardo para cuando llega la familia...
A veces hasta salgo a hacer alguna pequeña excursión y visitar vecin@s.



Mientras miro por mi ventana favorita...

me acuerdo de mis amig@s. Hay alguno que hace mucho que no me visita, por ejemplo Dani.
Dani vino un día cuando yo era pequeño, pero la próxima vez ya no va a poder levantarme aunque se le haya pasado el miedo. He crecido mucho desde entonces.

Mi primera siesta

¿Será un marciano?Nooooo, soy yo durmiendo mi primera siesta delante de mi madre, que no se pudo aguantar y me la tuvo que fastidiar con el ruidico ese de la cámara. Por eso la miré con ojos de fulminar. ¿A quién se le ocurre? Cortar así una siesta de 26 de julio... fecha en la que, aparte de dormir, no se puede hacer otra cosa.
Con lo tranquilico que estaba yo allí... como no le voy a morder luego... aún se quejará y todo...

Cuando era pequeño

Cuando era pequeño cabía en cualquier sitio. En estas fotos estoy en una papelera que hizo un tío mío cuando iba al colegio. Era el 19 de julio, así que yo tenía algo más de dos meses y medio. Ya ves lo simple que era. Me creía que no me iban a encontrar allí metido... Era la ignorancia de la niñez.
De entonces me viene también mi afición por los cables -afición que todavía perdura-, sobre todo por el del portátil de mi madre, con el que me veis en la foto, aunque cuando se despistan o se dejan la puerta abierta también ataco los miles de cables que tiene mi padre en su garito. Si los vierais me comprenderíais...

Mi antigua caja de zapatos

Antes me lo pasaba muy bien en esta caja de zapatos de mi madre, pero un día desapareció y ahora tengo otra mucho más grande con un agujero. Aunque mis padres tienen buena voluntad para hacerme juguetes sin gastar dinero, yo me doy cuenta de que a veces les quedan un poco cutres. A pesar de todo, juego de vez en cuando con esos zarrios que me ponen delante y así dejo contenta a esta gente.

Otros juguetes

Las manos y las cámaras de fotos también son juguetes divertidos. Por eso los ataco en cuanto los veo.

RATICA COMIENDO

¿A que parezco una ratica en esta afoto?

Era el 15 de junio y yo sólo tenía mes y medio. Como verás sólo tenía cabeza y orejas, pero para mi madre siempre he sido el más guapo de Pina y de la redolada.

Entonces me gustaban las latas de comida esas de morro, pero ahora que ya soy mayor sólo me gusta el pienso y la comida de mis padres, especialmente las tapas de los yogures y los envoltorios de los helados. ¡Qué pena que me den tan pocas veces! Me tendré que portar mejor y arañar menos a mi madre, a ver si así me dan más.

Mis primeros juguetes

... fueron papeles arrugados que me daba mi madre -y que me flipaban, por cierto- y una bolsa de tela que llené de pelos de tanto jugar y que creo que tiraron a la basura. Desde luego, eran juguetes de pobre, pero poco a poco mis padres se fueron luciendo en sus regalos:
La bola roja
que colgaba
del rascador
desapareció
al tercer día...
Me comí la
cuerda que
la sujetaba.












¿Cómo puede decir que es un bandido?

... os preguntaréis viendo esta foto:
Pues mirad esta prueba de mis hazañas:
Y es que cuando quiero jugar me encenego y no hay manera de pararme... saco uñas, dientes y todo mi arsenal gatuno.

Mi segundo día en Pina



El segundo día ya empecé a coger costumbres que se mantienen todavía hoy entre mis aficiones. En esta imagen se ve como las zapatillas -sean de vaca o rojas o sandalias de todo tipo, pero sobre todo con cuerdas- me empezaban a atraer desde que era como una rata.

El día que llegué a Pina

El día que llegué a Pina era muy pequeño. Era tan poca cosa que ni nombre tenía.

Viajé primero a Zaragoza desde Perdiguera y luego mi madre me trajo a Pina en su coche.

En Zaragoza oí que la gente hablaba de mí por la calle y asomaban sus cabezones a la jaula esa en la que me habían metido.

Como estaba muy cansado de tanto viaje, por la noche me dormía en todos los sitios, hasta en el hombro de mi padre, al que acababa de conocer, por cierto. Desde entonces me encanta chuparle el cuello.

Él no tuvo ninguna duda al elegir mi nombre. No podía llamarme de otra manera: siendo yo negro, monegrino, fan del "Comando" y un bandido... reunía todos los requisitos, así que el primer día ya me convertí en Cucaracha.